Ansiedad por separación

Autores: Ana Esteban y Pedro Yubero José Ignacio Arandilla
Centro veterinario Huellas Mundo Schnauzer

El perro es un animal social que, por naturaleza, tiende a vivir en manada, nunca sólo. Un perro de compañía vive en una manada, cuyos líderes son sus propietarios. El mayor deseo del perro es estar lo más cerca posible, y el mayor tiempo posible, con sus líderes.

Cuando los propietarios se ausentan de la vivienda, sobre todo cuando la ausencia es prolongada, el perro se siente desprotegido y puede experimentar la ansiedad por separación. Si se tienen varios perros, el impacto de la separación es menor, ya que al estar en contacto visual entre ellos, se sienten reconfortados por la seguridad que da el grupo. En cualquier caso, también podría llegar a aparecer el problema.

¿Cómo se manifiesta la ansiedad por separación?

Un perro con ansiedad por separación tenderá a hacer actividades que mitiguen la frustración que sienten por estar solos, como:

  • ladrar continuamente
  • destrozar todo aquello que puedan morder (muebles, alfombras, macetas, cortinas, puertas, etc.)
  • lamer las paredes constantemente, llegando, incluso, a hacer agujeros en el yeso
  • orinar y defecar por toda la casa
  • etc.





Tradicionalmente se ha dicho que lo hacen en “venganza” por haberles dejado solos, pero no es así. Son consecuencias de la ansiedad por separación que, al fin y al cabo, es una enfermedad psicológica que, afortunadamente, tiene un tratamiento.

Es más probable cuanto menor sea el número de perros que convivan. Suele ocurrir, principalmente, cuando se tiene un único perro.

Prevención

Para evitar la aparición de esta enfermedad, es recomendable acostumbrar al perro desde cachorro, a estar sólo de vez en cuando; a no depender continuamente de sus propietarios, los lideres de la manada. Por ejemplo, es un grave error que durante la primera noche que está el cachorro en casa, para evitar que se la pase llorando, dormir con él en la cama. El perro no es un miembro de la manada con el mismo nivel de jerarquía que sus propietarios. Es extremadamente importante que se le haga entender que es uno más de la manada que conforma la familia con la que convive, pero él es el último de la jerarquía.

Por tanto:

  • no duerme en la cama de los dueños, o, incluso, en la misma habitación
  • no se tumba en el mismo sofá
  • no come a la vez que sus amos
  • no come la misma comida
  • etc.

Sino que tiene su propio sitio para dormir, su colchón para dormir, su comida especial, su lugar para comer, etc. Y, siempre que sea posible, no debe coincidir con el de sus dueños.

Los líderes de la manada se ausentan de la casa cuando les da la gana y regresan a la casa cuando les da la gana, sin dar explicaciones a los subordinados de la manada. Es decir, no es recomendable despedirse cariñosamente del perro al marcharse de casa, ni saludarle efusiva y cariñosamente al llegar de nuevo. Lo único que se consigue es que al día siguiente, cuando los dueños se vuelvan a marchar, el perro espere con ansía el regreso de sus propietarios (y ahí está el nacimiento de la enfermedad). Los dueños se deben marchar de casa sin decirle ni pío, sin darle importancia. Y se debe tener la misma actitud al volver a casa.





Lo más recomendable es acostumbrar al perro, desde pequeño, a que es normal el hecho de que sus dueños se marchan todos los días por la mañana y que no vuelven hasta por la tarde. Eso evitará la ansiedad por separación. También es recomendable que el perro disponga de juguetes con los que entretenerse en los periodos en los que se encuentre sólo. Suelen ser bastante efectivos los juguetes tipo Kong, son de goma, dura con cavidades en las que se introduce comida. El perro se entretiene durante horas intentando sacar la comida, lo que ayuda reducir los efectos de la ansiedad por separación.

¿Y por qué se produce la ansiedad por separación?

Se puede manifestar cuando el perro tiene una gran dependencia afectiva hacia el dueño. Si al llegar a casa, cuando el perro se vuelve loco de alegría de ver a sus dueños, le cogen en brazos, se sientan con él en brazos en el sofá, dejan que esté a sus pies mientras cenan en la mesa, le tienen en el sofá o en brazos mientras ven la tele por la noche, le dejan que se meta en su habitación por la noche, incluso que duerma en su cama, a la mañana siguiente desayunan con él subido en sus piernas, se sienta a su lado en la cama mientras se visten y, encima, se despiden de él efusivamente al ir a marcharse de casa; entonces, con razón, es muy probable que presente ansiedad ante la espera de la llegada de sus propietarios, pues lo único que sabe hacer es estar en permanente contacto con sus dueños y el hecho de no estarlo, le generará una gran ansiedad.

No tener al perro encima todo el rato, o no estar mimándole continuamente, no significa que se le quiera menos. Aunque se puede optar por darle muchos mimos, hay que ser consecuente y tener en cuenta que el perro los echará mucho de menos en ausencia del dueño.

La mejor manera de actuar para evitarla

Cuando uno llega a casa, lo recomendable es saludar al perro con “cierta indiferencia”, para no darle importancia al hecho de que se acaba de llegar. Cuando nos sentemos, vendrá para que se le acaricie. Tras un rato (15 – 20 minutos) de contacto, se le debe mandar a su colchón (con el tiempo se irá solo, sin tenérselo que decir). Cuando los dueños están sentados en el sofá, el perro debe estar en su colchón, no a los pies de los dueños. Cuando estemos cenando, el perro debe estar en su colchón. Cuando nos vayamos al dormitorio, el perro se debe quedar en otra habitación, en su propia cama, etc.

Se trata de mantener un grado de diferenciación entre los hábitos de los propietarios y los del perro; entre sus posesiones y las de sus amos. En definitiva, la idea es tratarles como perros y no como a humanos. Esa es la clave.




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